Sin duda, el Principito es un personaje enigmático. Todos los que lo hemos disfrutado, hemos sentido que cada lectura ha sido diferente. Al leer el Principito por primera vez a los nueve no lo entendí. Me acuerdo que después de sentir cierta desilusión, me pregunté muchas veces que veían las personas mayores en ese relato ya que insistían en regalárselo a los niños…
Lo leí por segunda vez años más tarde y ahí pude descifrar la profundidad de sus mensajes, las palabras van tomando distintos sentidos con la edad del lector. En ese segundo intento todos esos capítulos cobraron significado, permitiéndome reflexionar sobre la importancia de buscar lo relevante en la vida de cada uno, de buscar aquello que nos satisfaga. Es cierto que a causa de nuestras rutinas agitadas, no siempre encontramos tiempo para detenernos y pensar en lo que realmente vale la pena; o tal vez no sea una cuestión de tiempo, pero sí de estar más pendiente de las cosas que nos dan seguridad y confianza, como los bienes materiales.
La tercer lectura la hice acompañando a mi hijo, quien tenía en ese momento 9, la misma edad de aquel, mil primer intento .De nuestra interacción surgieron muchas ideas y comentarios interesantes (Lamento no haber tomado nota de nuestras reflexiones…) Supe que para Bautista, la relación con el texto iba a ser desde ese primer momento memorable. Reíamos de los comentarios oportunos del Principito, subestimando a los adultos, como cuando dice que las personas mayores aman todo lo relacionado a las cifras o cuando dice que las personas mayores son muy extrañas, o que los niños deben ser tolerantes con los adultos… Es la sabiduría de los niños otro de los conmovedores mensajes; la adultez nos hace en ocasiones, hostiles, individualistas y hasta a veces insensatos.
Después de este recorrido de momentos y lecturas coincido con quienes afirman que el Principito es un libro para los niños y también para los adultos; consideremos, que como dice Antoine de Saint-Expéry en su prólogo “Todas las personas mayores han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan)”
Hermosos!!!
ResponderEliminarLa niñez, la simpleza... la manera pura de ver las cosas.
ResponderEliminarPermitirnos disfrutar, jugar, emocionarnos, sorpendernos, admirar...
Vivi! Te encargo para Facundo uno apaisado de cielo verde agua como el que tiene Ludmila. Después arreglamos por tel el resto de los detalles. Te parece? María Martha
ResponderEliminarMari, que bueno que pude darte a conocer mi blog.Me encanta compartirlo ya que da muestra de un gran logro em mi propia historia.Me encanta pintar y trascender, en este caso, llegar hasta Facundo a traves de la pintura.
EliminarLa tela apaisada tiene 1 metro x 30 cm. te va bien el tamano? si me das el ok la voy encargando...